Este post es parte de la serie de Economía de Negocios, disponible en su totalidad para suscriptores premium.
Suscríbete a PremiumEste es un libro de historias. La mayor parte de estas son historias de éxito que ayudan a ejemplificar cómo las estrategias que estás leyendo te pueden ayudar a ti. Esto es algo que se conoce como el método de casos.
Pero desde este momento te pido que desconfíes. Los casos que te voy a presentar muy probablemente no aplican a tu situación particular. Y es que el problema del estudio de casos es lo mismo que los hacen una herramienta poderosa de aprendizaje: nos presentan los casos de éxito.
Malos consejos para invertir
¿En qué acciones debería invertir en la bolsa? ¿Debería poner dinero en criptomonedas? ¿Debería de poner un negocio?
No se lo preguntes a Google. Lo más probable es que en los primeros lugares de búsqueda encuentres casos de personas que hicieron sus fortunas invirtiendo en acciones, en criptomonedas o en el nuevo modelo de negocio que absolutamente tienes que conocer.
En esta sección te quiero invitar a que te alejes de estos consejos, o al menos que mantengas un saludable escepticismo al respecto. La razón es que las historias que llegan a nosotros, las historias de éxito, ocultan algo.
El sesgo de supervivencia
Steve Jobs es famoso por su gran genialidad. Hijo de un carpintero, Jobs logró fundar y hacer crecer a Apple y llevarla a ser de las compañías más importantes del planeta.
También era famoso por ser de actitud despreciable. Particularmente con sus empleados. El nivel de perfección que exigía en todos sus productos lo llevaban a dar retroalimentación brutalmente honesta y llevar a muchos de ellos a las lágrimas.
Una mala lección de la historia de Jobs sería recomendar su estilo de liderazgo y decirte que ser grosero con tus empleados te puede llevar a dirigir una empresa internacional. A Jobs le funcionó esto por una extraña mezcla de cualidades que no te podría decir cómo replicar.
Mientras que Steve Jobs logró llevar el iPod a nuestros bolsillos con su estilo particular de liderazgo, miles de líderes con estilos similares llevaron a sus empresas a la quiebra usando las mísmas técnicas. Como estas empresas quebraron, jamás leímos sobre ellas en estudios de caso, nunca vimos a esos CEOs intrépidos en las portadas de la revista TIME ni leímos y analizamos sus biografías una y otra vez. No los conocemos.
Este es un efecto que se le conoce como el sesgo de supervivencia. El sesgo de supervivencia es el error lógico de concentrarse en las personas o empresas que pasaron por un proceso de selección, pasando por alto aquellos que no lo lograron. Típicamente quienes no logran pasar dicho proceso pierden visibilidad. Esto puede llevarnos a conclusiones falsas.
Uno de los ejemplos más interesantes de este efecto viene de la Segunda Guerra Mundial. En la Universidad de Columbia se formó durante esas épocas el Statistical Research Group (SRG), que eran algo así como los Avengers, pero usaban estadística para apoyar al ejército a ganar la guerra. En este grupo se encontraba el matemático Abraham Wald, a quien le solicitaron realizar un análisis de los aviones que regresaban de combate con impactos de bala.
El objetivo del análisis era encontrar el nivel óptimo de blindaje que el avión de combate necesitaba para minimizar el riesgo de que estos fueran eliminados en combate. Si un avión tiene demasiado blindaje, el peso del avión hará que este gire sin control al dar vuelta; muy poco blindaje arriesga al avión a recibir ataques letales.
El análisis entonces era importante para determinar las zonas del avión que debían de ser blindadas. Para sorpresa de los militares, el resultado del análisis hecho por Wald y el equipo de SRG concluyó que las zonas que era más importante bindar eran las que tenían menos impactos de bala. Esta es una conclusión contraintuitiva ¿Bajo que lógica debemos dejar descubierto donde hay más disparos?
Resulta que lo que los militares habían ignorado es el origen de los datos. Los registros de impactos de bala vienen de aviones que regresan de combate. Por lo tanto, los impactos de bala que se registran son los que tienen menor probabilidad de ser letales. Por el contrario, los aviones que reciben impactos de bala en las otras zonas son aquellos que no tienen registros y los impactos de bala en esas zonas son más letales.
En La Bolsa de Valores
El comportamiento de los índices en la bolsa de valores puede ser engañoso. Un índice se compone por diferentes activos o acciones de la bolsa. Por lo tanto, cuando índices como el Dow Jones o el S&P 500 suben su valor, en realidad se habla de un comportamiento general de los activos que lo componen.
Algo que no se discute mucho es que los fondos de inversión cambian los activos que lo componen con mucha frecuencia. Como ejemplo, piensa en el S&P 500, que conjunta 505 acciones comunes de las compañías más grandes en el American Stock Exchange. Si observas la gráfica por los últimos cinco años, podrías concluir que la bolsa no ha hecho más que crecer en promedio. Pero hay un error en esta lectura.
En realidad el S&P 500 ha sufrido muchos cambios a lo largo de los años. Algunas empresas que no existían se incluyen, para reflejar mejor los cambios del mercado. Pero hay otras que dejan de estar en este índice por diferentes razones. Algunas son adquiridas por otras empresas, otras se fusionan, se dividen, se sacan del mercado de valores, cambian de bolsa o de país y otras cuantas simplemente quiebran. Esto hace que al leer este índice estamos ignorando el sesgo de supervivencia que tiene implícito.
Este es un problema que puede tener consecuencias serias. En un estudio analizaron diferentes fondos de inversión y concluyeron que se solían sobreestimar las ganancias del fondo por no considerar aquellos activos que se salieron del mismo por tener bajos rendimientos.
Muchos fondos de retiro invierten en fondos de inversión que subestiman seriamente el sesgo de supervivencia. Esto podría verse reflejado en serios problemas para inversionistas y personas como tú y yo.